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Chemical reactivility
and instability: preliminary thermodynamic analysis
Reactivité et instabilité chimique: analyse thermodynamique
Redactor:
Manuel Bestratén
Belloví
Ingeniero Industrial
CENTRO NACIONAL DE
CONDICIONES DE TRABAJO
Introducción. Objetivos
Conocer la peligrosidad
de las sustancias químicas, tanto si intervienen en un proceso o
simplemente son transportadas o almacenadas, es fundamental para
adoptar las debidas medidas preventivas. Los parámetros determinantes
de la peligrosidad de las sustancias inflamables, corrosivas o tóxicas
están recogidos en los anuarios. En cambio, la estimación de la
peligrosidad de una sustancia por su reactividad es más compleja, ya
que influyen tanto las propias características de ésta como las
condiciones en las que puede reaccionar con otras, entre las que hay
que incluir el propio oxígeno del aire y el agua. Compuestos que
reaccionan violentamente con el aire o el oxígeno (inflamación
espontánea) son: alquilmetales y metaloides, arsinas, boranos,
hidruros, carbonilos metálicos, metales divididos, nitruros alcalinos,
fosfinas, fósforo blanco, fósforos, silanos y siliciuros.
Los fenómenos derivados
de una reactividad peligrosa son diversos: calentamiento brusco de la
masa, ebullición incontrolada, proyecciones, explosiones de reactores
por sobrepresiones asociadas a rápidos desprendimientos de gases,
descomposiciones explosivas, inflamaciones espontáneas, etc.
Estos fenómenos
normalmente son debidos a reacciones muy exotérmicas, con liberaciones
energéticas que pueden llegar a ser incontroladas y provocar
accidentes. Esta energía es designada con varios nombres: entalpía
de reacción como denominación más general, entalpía de combustión,
entalpía de descomposición o entalpía de detonación, dependiendo del
tipo de reacción involucrada. La potencial explosión o ignición de una
sustancia puede ser estimada a partir de algunos datos termodinámicos,
excepto de su calor de reacción.
El calor de reacción
puede ser determinado experimentalmente mediante calorímetro,
aunque esta medición no es tan fácil de realizar como en principio
pudiera parecer, incluso la extrapolación de resultados del ensayo a
las condiciones reales puede ser compleja.
En la figura 1 se
muestra gráficamente el desarrollo en el tiempo de una reacción
exotérmica, cuya peligrosidad suele venir determinada por la cantidad
de calor deliberada y su velocidad de generación, del que una parte
importante se invierte en iniciar y acelerar nuevas reacciones, ya que
precisamente cuanto menor sea la energía inicial de reacción (por
ejemplo, un simple choque, fricción o chispa) más fácilmente ésta va a
desencadenarse.
Fig. 1: Desarrollo de una reacción
exotérmica peligrosa - Ei (muy pequeña), DH (elevada)
Atención especial
merecen aquellas sustancias termodinámicamente inestables por ser muy
endotérmicas, generando posibles descomposiciones explosivas, en
varias circunstancias iniciales.
Una variedad de ensayos
estandarizados permite determinar tal tipo de peligrosidad, y a ellos
es imprescindible recurrir cuando simplemente existen sospechas de su
existencia. A pesar de ello, es necesario disponer de criterios
básicos que, a nivel de análisis, faciliten, a partir del simple
conocimiento de la sustancia, su estructura química y de los datos
fundamentalmente termodinámicos recogidos en manuales de consulta, la
estimación del posible riesgo intrínseco existente.
En este documento se
recogen aquellos criterios, basados en su mayoría en cálculos
termodinámicos, que, por su sencillez y su validación contrastada con
ensayos normalizados, son aceptados por organizaciones especializadas
en el tema. Existen incluso métodos informatizados en el mercado como
el CHETAH de la ASTM (Chemical Thermodynamics and Energy Hazard
Evaluation Program of the American Society of Testing and Materials),
que integran algunos de los criterios que a continuación se exponen.
Hay que destacar que,
en el estudio de la reactividad química, es fundamental tanto el
análisis termodinámico como cinético de las posibles reacciones
químicas que la o las sustancias en cuestión puedan generar. En esta
Nota Técnica no se aborda el estudio cinético, en el que, como es bien
sabido, influyen muchos condicionantes, además de las diferentes
entalpías implicadas (entalpías de formación, de combustión, de
descomposición, etc.), tales como las masas de reactivos y productos,
calor inicial de reacción, presiones y temperaturas, etc., cuestiones
todas ellas que deberán ser investigadas antes de la puesta en marcha
de cualquier proceso químico por inocuo que parezca.
Estimación de las entalpías de combustión, descomposición y reacción
La entalpía de reacción
es la diferencia entre la entalpía de formación de los reactivos y la
de los productos. Si puede predecirse la identidad y cantidad de las
sustancias, la estimación de tales valores energéticos es simple.
La entalpía de reacción
puede ser fácilmente estimada en el caso de sustancias ardiendo a
altas temperaturas en un ambiente en el que hay suficiente oxígeno
para que la combustión sea completa.
Para descomposiciones
térmicas que se produzcan a bajas temperaturas (100 - 400 ºC) es
imprescindible recurrir, para determinar la entalpía de reacción, a un
análisis calorimétrico.
La reacción también
será completa si la sustancia contiene suficiente oxígeno en su
estructura molecular (balance de oxígeno positivo).
Ejemplos de cálculo de entalpías de reacción
Entalpía de detonación del nitrometano
Siendo las entalpías de
formación respectivas:
-
DHof
(CH3NO2) = 27,0 Kcal/mol
-
DHof
(H2O) = 68,4 Kcal/mol
-
DHof
(CO2) = 94,1 Kcal/mol
Tendremos:
Entalpía de combustión del metano
CH4 (g) + 202
(g)
CO2 (g) + 2H2O (g)
Siendo las entalpías de
formación respectivas:
-
DHof
(CH4) = 17,9 Kcal/mol
-
DHof
(C02) = 94,1 Kcal/mol
-
DHof
(H2O) = 57,8 Kcal/mol
Tendremos:
DHc = 94,1 +
2 x 57,8 - 17,9 = 191,8 Kcal/mol = 12,0 Kcal/g
Entalpía de reacción entre tetracloruro de carbono y sodio
CCl4 + 4 Na
C + 4 NaCl
Siendo las entalpías de
formación respectivas:
-
DHof
(CCl4) = 33,0 Kcal/mol
-
DHof
(NaCl4) = 97,7 Kcal/mol
Tendremos:
DHR = 4 x
97,7 - 33,0 = 357,8 Kcal/mol = 1,45 Kcal/g
En estudios
comparativos, los cálculos estimativos de entalpías de descomposición
son entre 1 y 2,5 veces superiores a los resultados obtenidos en
análisis calorimétricos, siendo mayores las diferencias, como se ha
dicho, cuando el proceso se realiza a temperaturas relativamente
bajas.
Como vemos, la clave
para calcular las entalpías de reacción es conocer las entalpías de
formación de las sustancias. Benson demostró estadísticamente que para
componentes en fase gas pueden aquéllas determinarse con bastante
precisión a partir de la adición de las energías de los diferentes
grupos de enlaces interátomos. También la determinación es más precisa
cuando los enlaces son covalentes.
El error asumido con
este sistema es del orden de ± 2 Kcal/mol, salvo para estructuras muy
ramificadas o que contienen elementos muy electronegativos
(halógenos), en las que el error es más importante.
La principal limitación
del método es que la lista de energías de grupos de enlace publicada
en la bibliografía no es completa y para algunos grupos de enlaces
inestables es desconocida. En la figura 2 se indican las entalpías de
algunos grupos de enlaces.

Fig. 2: Entalpías de
algunos grupos de enlaces (Benson)
Ejemplos de aplicación
Entalpía de formación del metil nitrato, butano y tetrahidro furano
Si se trata de sustancias
líquidas o sólidas es preciso efectuar unas estimaciones más precisas
o introducir algunas correcciones. En realidad, para obtener la
entalpía de formación de un gas se necesita saber el calor de
vaporización, el calor de fusión, el calor de la fase de transición y
los diferentes calores específicos.
A excepción del calor
de vaporización, todos los otros son fácilmente medibles en un
análisis calorimétrico diferencial; en cambio, no es fácil medir el
primero, dado que, para sustancias inestables, éstas se descomponen en
las condiciones de medida. Uno de los métodos recomendados de
estimación se basa en obtener para sustancias inestables la curva
temperatura-presión de vapor, con el análisis térmico diferencial a
presiones reducidas y mediante la aplicación de la ecuación de
Clausius-Clapeyron determinar el correspondiente calor de
vaporización.
En el gráfico de la
figura 3 se muestra la relación existente para sustancias explosivas
(no gaseosas) entre la entalpía de formación estimada según el método
Benson y el sistema de cálculo que se acaba de citar. Se puede
observar que los valores de Benson son ligeramente superiores. Ello es
debido precisamente a la no consideración obligada del calor de
vaporización en líquidos o sólidos muy inestables. Usando este gráfico
podrían efectuarse orientativamente las correcciones pertinentes a los
valores obtenidos a partir de los grupos de enlace de Benson.

Fig. 3: Relación
obtenida entre las entalpías de formación según el método Benson y
según el cálculo de los diferentes calores de formación
Criterios termodinámicos de evaluación del riesgo intrínseco
Criterio de la entalpía de descomposición (DHd)
Las sustancias
inestables se descomponen con facilidad en otras más estables. El
estadio último de descomposición de sustancias orgánicas genera
algunas de las siguientes: CO2, H2O, N2,
C, CH4, H2 y O2.
Según lo expuesto
anteriormente estimaremos dicha entalpía.
Una estrecha
correlación ha sido encontrada entre la entalpía de descomposición y
las propiedades de 120 productos, siendo la mitad sensibles al choque
y la otra mitad, no. Este resultado ha permitido determinar tres zonas
de riesgo:

Criterio de la diferencia de la entalpía de combustión y
descomposición (DHc - DHd)
Se basa en la idea de
que una sustancia que contenga en su propia estructura el oxígeno
suficiente para convertirla en sus productos de oxidación normal
presenta una posibilidad de liberación de energía más alta que la que
no lo contiene.
Se calcula la entalpía
de combustión con un exceso de oxígeno, determinando la diferencia con
la entalpía de descomposición. El riesgo es por tanto más elevado
cuando tales entalpías se aproximan en valor numérico acercándose al
cero. Para dos valores idénticos de (DHc - DHd),
el riesgo es más elevado cuando DHd es más bajo.
Para una evaluación más
precisa debe integrarse este criterio con el anterior de la DHd.
Tal necesidad es debida a que, para ciertos compuesto no susceptibles
de degradarse por combustión (por ejemplo, tetracloruro de carbono),
la diferencia DHc - DHd es pequeña como en el
caso de las sustancias muy sensibles. Sólo entonces el valor de DHd
permite salir de dudas.
En la figura 4 se han
representado las tres zonas de riesgo integrando este criterio con el
anterior, dada la mayor fiabilidad de su análisis conjunto. Los
valores límite están expresados en Kcal/g.

Fig. 4: Criterios de riesgo en función de
DHd y (DHc - DHd)
Criterio del balance de oxígeno
El criterio del balance
de oxígeno fue establecido por Lathropy Handrick para sustancias
orgánicas de fórmula estequiométrica CXHyOz,
según la ecuación siguiente, que representa el porcentaje de oxígeno
que es necesario añadir para reaccionar con la masa de la sustancia,
para que ésta pueda oxidarse completamente. Evidentemente toda
sustancia que en su estructura molecular contenga suficiente oxígeno
para transformarse totalmente en CO2 y H2O
tendría un balance de oxígeno nulo y podría en principio ser
extremadamente peligrosa.
Siendo M la masa
molecular de la sustancia. El criterio de riesgo es el siguiente:
Este criterio sólo
tiene significado si el oxígeno de la sustancia en reacción es
utilizable en condiciones normales. Así, el oxígeno contenido en el
agua o en el anhídrido carbónico no debe ser considerado como factor
de riesgo al tratarse de productos estables de descomposición máxima.
Criterio "Y" de la relación entre entalpía de descomposición (DHd),
masa molecular (M) y número de átomos de la molécula (n)
Se ha establecido la
siguiente relación empírica entre los tres factores indicados, la cual
tiene en cuenta no sólo la entalpía de descomposición, sino también su
constitución molecular:
A partir de datos
experimentales se ha podido establecer el siguiente criterio:

Los cuatro criterios de
riesgo que se acaban de exponer se han integrado en el programa
informático CHETAM de la ASTM, ya referenciado. Dicho programa
contiene datos termodinámicos de aproximadamente 1.700 grupos y
sustancias, correspondientes a los 32 elementos químicos siguientes:
Al, B, Be, Br, C, Ca, Cd, Ce, Co, Cu, Cr, F, Fe, Ge, H, Hg, I, K, Li,
Mg, Mn, N, Na, 0, P, Pb, S, SI, Se, Ti, V, Zn.
Cuando todos los
valores numéricos se encuentran en la misma zona de riesgo la
interpretación es obvia, pero cuando hay diferencias en dos o incluso
tres zonas es preciso un cierto análisis comparativo de criterios y
actuar siempre en el sentido más estricto favorable a la seguridad, y
recurriendo consecuentemente a ensayos normalizados cuando sea
preciso. El criterio más prudente determinaría que un solo criterio
situado en zona de riesgo elevado (sobre todo el primero basado en la
DHd) es suficiente para caracterizar la sustancia o la
reacción como potencialmente peligrosa.
Dichos criterios son
totalmente válidos (100%) para sustancias sensibles a impactos. Se ha
observado que un porcentaje reducido de sustancias (10 - 15%)
insensibles a impactos dan con estos criterios como si lo fueran. Por
tanto constituye un método adecuado para los productos peligrosos y
más restrictivo o pesimista para los que tienen riesgo medio, lo que
es aceptable en términos de seguridad.
Clasificación de sustancias reactivas según la NFPA (National Fire
Protection Association) de EE. UU.
Esta organización
americana dispone de un sistema de clasificación de este tipo de
peligrosidad, por el que se establecen los siguientes cinco niveles de
riesgo:
Nivel 0
Materiales que son
normalmente estables incluso en condiciones de exposición al fuego y
que no son reactivos con el agua.
Nivel 1
Materiales que son
normalmente estables pero pueden convertirse en inestables a elevadas
temperaturas y presiones o que pueden reaccionar con agua con algún
desprendimiento de energía no violento.
Nivel 2
Materiales que son
normalmente inestables y pueden generar reacciones químicas violentas
pero no explosivas. Incluye materiales que pueden reaccionar con
rápidos desprendimientos de energía a temperaturas y presiones
normales o violentamente a temperaturas y presiones altas. También
incluye aquellos materiales que pueden reaccionar violentamente con el
agua o pueden formar potenciales mezclas explosivas con la misma.
Nivel 3
Materiales que por
ellos mismos son capaces de detonar, descomponerse o reaccionar
explosivamente pero requieren un aporte energético inicial
significativo o deben ser previamente calentados en condiciones de
confinamiento. Incluye materiales que son sensibles térmicamente o a
impactos mecánicos a temperaturas y presiones altas o que pueden
reaccionar explosivamente con agua sin precisar calor o confinamiento.
Nivel 4
Materiales que son
capaces de detonar, descomponerse o reaccionar explosivamente a
temperaturas y presiones normales. Incluye materiales que son
sensibles a puntuales aportes energéticos térmicos o mecánicos.
Este sistema de
clasificación se aplica legalmente en aquel país para la
identificación de la peligrosidad de las sustancias envasadas. De
acuerdo con el código 704 M (NFPA), la simbología de seguridad
utilizada se muestra en la figura 5, en donde se aporta información,
además de la reactividad química, sobre la inflamabilidad, toxicidad,
y en particular sobre el carácter oxidante o la reactividad con el
agua. En los manuales de la NFPA se encuentra una amplia relación de
sustancias con sus correspondientes niveles de peligrosidad.

Fig. 5: Simbología para
la identificación de la peligrosidad (ejemplo para el hipoclórito
cálcico
En caso de que la
sustancia en cuestión no esté incluida en tal relación, la empresa Dow
Chemical ha establecido en su método de evaluación del riesgo de
incendio y explosión a través de un sistema de índices, un criterio
propio de clasificación de la reactividad en función de la temperatura
adiabática de descomposición Ta ºK, temperatura teórica alcanzada en
el proceso de descomposición completa del material inicialmente a 25ºC
(298ºK), y de la temperatura de pico más baja - Tp ºC obtenida
mediante ensayos DTA/DSC (Differential Thermal Analysis / Differential
Scan Calorimeter).
En función del nivel de
reactividad, la NFPA establece una serie de recomendaciones para el
almacenamiento y manejo de sustancias peligrosas.
Estructuras moleculares inestables
El origen del
comportamiento inestable de una sustancia química está generalmente en
su propia estructura molecular. El tipo de enlaces interátomos y
determinados grupos funcionales confieren a la molécula una
determinada facilidad para reaccionar con otras sustancias y
descomponerse en estructuras más estables.
Determinados grupos
funcionales, como los que se relacionan en la figura 6, contribuyen a
incrementar la cantidad de energía liberada y normalmente están
constituidos por enlaces débiles. Las sustancias que tienen tales
grupos funcionales tienen tendencia a reaccionar a relativamente bajas
temperaturas, con significativos desprendimientos energéticos que
pueden propiciar la ignición o la explosión.

Fig. 6: Grupos
funcionales contenidos en compuestos muy inestables o explosivos
Tales grupos
funcionales son obviamente sólo una parte de la molécula y no todos
los compuestos que tienen tales grupos son explosivos. Para
determinar, por ejemplo, la explosividad de una sustancia, es preciso,
si hay sospechas de tal riesgo, por contener un grupo funcional
inestable, o por los datos termodinámicos y criterios expuestos
anteriormente, recurrir a ensayos y análisis más precisos del riesgo.
Ciertas sustancias
consideradas especialmente peligrosas, como resultado de su reacción
con el oxígeno del aire, generan peróxidos inestables o explosivos.
Estructuras químicas que son capaces de generar peróxidos han sido
identificadas empíricamente. En la figura 7 se indican algunas
estructuras moleculares contenidas en compuestos peroxidables. Tales
compuestos están caracterizados por débiles enlaces C-H o dobles
enlaces capaces de generar reacciones de polimerización por adición.

Fig. 7: Estructuras
contenidas en compuestos peroxidables
Esquema de actuación en el análisis preliminar de la reactividad
El análisis preliminar
de la reactividad química ha de permitir discernir si es necesario
disponer de datos muy precisos de peligrosidad mediante ensayos
estandarizados de laboratorio, antes de proceder a un análisis del
riesgo en las condiciones de almacenamiento o proceso (estudios
cinéticos) o bien proceder directamente a un análisis simplificado,
dada a priori la inocuidad de la sustancia en cuestión.
Las cuatro líneas de
actuación a seguir en tal análisis preliminar son:
-
Verificar la posible
inestabilidad debida a determinados grupos funcionales en su
estructura molecular.
-
Aplicar los criterios
termodinámicos de evaluación del riesgo.
-
Consultar los códigos
de clasificación de sustancias de la NFPA y las hojas de seguridad
de producto.
-
Finalmente comprobar
si existe una posible reactividad con el aire, agua o la exposición
a la luz.
Estas cuatro líneas de
actuación son independientes, y las sospechas de una potencial
peligrosidad con cualquiera de ellas es suficiente para tener que
recabar datos de tests de laboratorio o exigir que éstos se realicen
si no existe tal información.

Fig. 8: Esquema de
actuación en el análisis preliminar de la reactividad de una sustancia
química
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